24 octubre, 2021

El Devenir

Periodismo con compromiso social

¿Justicia o venganza para Corral?

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Opinión.

Tras haber dejado recientemente la titularidad del Poder Ejecutivo del Estado, Javier Corral ha pretendido iniciar un protagonismo de sujeto ofendido, que más bien raya en el cinismo, pues las desastrosas condiciones en que dejó a la entidad, en nada le ayudan para intentar una defensa de qué. ¿Querrá desplegar una cortina de humo para desacreditar a priori cualquier acción legal en su contra?

         Que no se olvide el exgobernador que cuando los chihuahuenses votaron por él, lo hicieron motivados por un hartazgo imperante y por la expectativa que como candidato generó para sí, efectivamente hacer justicia a la sociedad, pero sobre todo para sacar adelante de la quiebra a la administración pública estatal, lo que en los hechos definitivamente no ocurrió. Puso a su servicio todo el aparato gubernamental para emprender una venganza personal y enfermiza, tanto en contra del exgobernador César Duarte, como de la otrora presidenta municipal de Chihuahua, excandidata a la gubernatura y actual mandataria estatal, María Eugenia Campos Galván.

         En pocas palabras, independientemente de sus obstinadas persecuciones (que en poco o nada representaron la justicia deseada por los chihuahuenses), que tenga claro que le falló a sus gobernados, a grado tal que, en lugar de sanear el erario estatal, heredó un problema mucho mayor, dejando también obras inconclusas e inseguras, entre múltiples cuestiones más que siembran duda respecto del sano ejercicio de los recursos públicos.

         Definitivamente no vale la pena enfrascarse en una retórica que no tiene sentido alguno, pues la prioridad para el actual Gobierno estatal es —y debe ser en todos los aspectos—, sacar adelante a la administración pública del atolladero en que se encuentra. En relación con los comentarios vertidos por Javier Corral hace unos días, tendientes a deslindarse de la orden de regresar sus bienes a César Duarte y a otros exfuncionarios, bien lo señaló César Jauregui Moreno, secretario general de gobierno, que “no merece ni el menor comentario, yo creo que hasta para ser exgobernador hay que tener categoría”. Pues sí.

         Después de haber sorteado y superado con dignidad, inteligencia, prudencia y sencillez (y con el respaldo del equipo de abogados dirigidos por el prestigiado Mtro. Francisco Javier Molina Ruíz, a quien, por cierto, el suscrito le guarda un gran aprecio y agradecimiento), las acciones (i)legales y misóginas emprendidas en su contra por su “correligionario” Javier Corral, finalmente los tribunales correspondientes descartaron cualquier responsabilidad a cargo de Maru Campos.

         Bien pudiera justificarse, en el entendimiento humano y derivado de la persecución y hasta escarnio público de que fue objeto, un férreo deseo de venganza por parte de la gobernadora en contra de su predecesor, pero el desaseo en la anterior administración estatal que tal parece va surgiendo alarmantemente a la luz pública, indefectiblemente conllevará que, en auténticas acciones de justicia, Javier Corral y sus excolaboradores a que haya lugar, deban comparecer y/o ser aprendidos para que respondan por las irregulares que vayan apareciendo. Paradójicamente, él solo se colocó en la misma posición en la que se encontraba —y se encuentra— César Duarte.

         Además, al manifestar a los medios de comunicación días antes de asumir su encargo como gobernadora, que en la administración anterior “no tuvieron madre” respecto de cómo manejaron las finanzas públicas estatales (por cierto, una expresión coloquial válida y acorde con el gran enojo e indignación que la situación provocaba), María Eugenia Campos Galván señaló que no habría ningún tipo de venganza en contra de sus adversarios políticos. Asimismo, ha hecho hincapié en la importancia y prioridad de ponerse a trabajar para redimir a los chihuahuenses, evitando distracciones como lo pudieran ser las persecuciones políticas.

         Entonces, de acuerdo a como se han venido desarrollando las cosas a partir de que Maru Campos asumió la titularidad del Poder Ejecutivo estatal, lo que evidentemente se percibe es un propósito desmedido de Javier Corral de acaparar la atención de la sociedad chihuahuense (a la que le falló y de la que difícilmente volverá a obtener su simpatía y confianza), en un afán de desvirtuar cualquier acción legítima que se ejerza por las irresponsabilidades y conductas delictivas que se hayan cometido durante su gobierno.

         Insisto, no se trata de asumir defensas a ultranza de nadie, pero por el bien de quienes habitamos este importante, grande, rico, pluricultural y también expoliado estado de Chihuahua, debemos unir voluntades, honestidades y esfuerzos para apoyar a quien ejerza —o pretenda ejercer— adecuadamente una responsabilidad pública.

         Durante un lustro, Maru Campos dio muestras de haber gobernado al municipio de Chihuahua con responsabilidad, creatividad y amplia diligencia, entre otras virtudes (incluso, así se lo han reconocido diferentes fuerzas políticas opositoras), por lo que, en consecuencia, lo que debemos esperar de ella junto con su equipo, es que harán lo mismo para todo el estado.

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