25 enero, 2022

El Devenir

Periodismo con compromiso social

La Cantina, donde la palabra se humedece

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Opinión.

Familia y ¿Vivir para qué?

En Palenque, al pie del majestuoso Centro Ceremonial Maya que alberga a Pakal y a la Reyna Roja encontramos a las familias Sandoval Villa y Cornelio Sandoval. Sus integrantes son nuestros parientes y con ellos pasamos días inolvidables.

Durante la estancia recibimos respuesta a la pregunta ¿Vivir, para qué? Todos, en lo individual y como familias, nos mostraron un sentido, una justificación, una razón para vivir. Y aunque sabemos que cada uno debe hacerse su propia cuenta por tal motivo, su forma de vida, el manejo emocional, la solidaridad y su humanismo, nos revelaron rutas posibles de respuesta propia.

Vimos que, en su mayoría, viven para asegurarse su salvación, quizás en otra vida, pero por lo pronto, en esta, cumplen perfectamente con la recomendación de: “A Dios rogando y con el mazo dando” porque trabajan duro en diversos proyectos y asumen una condición presente:  la vida, como tal, la consideran ya como un valor.

Por eso son gente que hace cosas desde la premisa de que la unión hace la fuerza, lo saben y lo practican. Y hacen cosas buenas que alivian un poco la sangrante realidad en la que vivimos. Son personas cuyos actos, silenciosos y modestos, mejoran nuestro mundo. Son hacedores de sueños. Lo hacen desde la fuerza y deseo de construir futuro y de ser mejores.

Viven su presente a través de que la vida debe ser ella misma su propio objetivo. Comprenden que no es la vida la que debe tener un sentido; sino es el sentido el que tiene que ser vivido, por lo que día a día educan a sus hijos, protegen a los vulnerables, trabajan, crean y gozan con las guacamayas, loros, monos araña, flores que transitan por los cielos y avanzan en sus proyectos colectivos e individuales.

A sus descendientes también les enseñan, o más bien les ayudan a inventar que vale la pena el amor a la vida, que el placer de vivir se aprende o se educa y lo que está en juego es lo más importante. Se trata de vivir o morir. Les orientan a trazar que frente al ¿Para qué vivir? La respuesta es el amor de vivir. aunque a veces sea amargo. Les conducen a inventar el que, si no amaran la dificultad, ¿Cómo podrían amar la vida? Si no amaran vivir, ¿Cómo podrían afrontar la dificultad?  Y esto vale tanto para la vida como para todo.

Los Sandoval Villa, los Cornelio Sandoval nos enseñaron que saben distinguir entre lo que depende de ellos y lo que no, nos regalaron una pedagogía de la aceptación. Pero esto fue solo una parte de su sabiduría.  La otra, fue un arte del querer, y es lo más valioso de su mensaje. Percibimos que su búsqueda de tranquilidad nada tiene que ver con la pasividad porque practican una sabiduría de la acción, no de la sumisión. De la voluntad, no de la pereza. Del valor, no de la apatía.

Quisiéramos que esos momentos con nuestra familia fueran eternos, que permanecieran, que no cambiaran, pero ellos también nos enseñaron que la vida no está al abrigo del tiempo, de la inconsistencia, de ella misma, porque esto sería ya una imagen de la muerte. Finalmente vivir es durar, pero no indefinidamente, es cambiar, es envejecer.

Reafirmamos junto con ellos que hay que aceptar el cambio, la fugacidad de todo. Es amar la vida tal cual es, efímera, pasajera. Amarla más que la comodidad, más que la felicidad y aceptar que la fragilidad es nuestra fuerza.

Gracias: Paquito, Andrea, Dany, Natalia, Hector III, Diana, Daniel, Héctor II, Chely, Olga Yolanda, Héctor I, Elsa Irene, Francisco. Gracias por su abrigo y enseñanzas.

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