22 septiembre, 2021

El Devenir

Periodismo con compromiso social

La Cantina, donde la palabra se humedece

2 min read
Opinión.

Fray Fernando

El fiel Eleno

Estilo pasar casi a diario por la colonia Industrial, en Chihuahua, y veo a un hombre que está siempre instalado en el mismo banco de la plaza “Jesús García”. Es la única persona de un grupo de ferrocarrileros jubilados que no falla a la cita cotidiana. Los demás habituales, o han fallecido, o están en sus hogares, ya no salen por diversas causas.

Al fiel asistente todo mundo le conoce por Eleno, parece muy mayor, aunque quizá sea más joven que yo. Pocos se le acercan; su soledad, en este desierto del coronavirus, resulta escalofriante. Cuando veo a lo lejos a la única alma en la ancha calle vacía, se me figura que podría ser el último habitante de la ciudad. A veces habla solo; muestra cierto desorden mental, pero se puede entablar diálogo con él.

El banco en el que reside queda justo enfrente de una escuela, la “José María Ponce de León“, espacio que hace 17 meses recibía a cientos de niños alegres, peleoneros, solidarios y risueños. Hay otras vistas a las que desde la plaza se puede optar: árboles hermosos en el camellón de la Avenida Hidalgo, muchos negocios con coloridos anuncios y la vía del tren con su estruendo por el paso frecuente de máquinas ruidosas, pero él refrenda su vocación por el plantel.

Durante varios días me he preguntado por qué insiste en sentarse justo ahí y pasarse las horas mirando una escuela abandonada por efectos de la pandemia. Una entrada sellada por un feo candado, salones vacíos, hierba desbordada y ausencia de alumnos, padres y niños.

Me pregunto: ¿Quizá le recuerde algo del pasado, una vida con amiguitos, o su propia infancia? Intento ponerme en sus zapatos y pienso: “sin duda Eleno lleva mucho tiempo instalado en ese banco porque es un respetable hombre con sus propios hábitos”. Y antes del coronavirus, la avenida Hidalgo, la plaza, la escuela no era un lugar vacío y silencioso, sino que estaba lleno de gente. Y justo enfrente del banco, el buen Eleno, que tal vez lleve años sin que nadie se preocupe por darle un abrazo, anhele ese mínimo calor humano que brota de las risas de los niños y su alboroto.

La realidad de Eleno y de muchos como él, me recuerda que todos necesitamos sentir la cercanía de quienes nos rodean. El roce, la caricia, los abrazos.

Ojalá este largo período de mascarillas, “sana distancia” y aislamiento forzoso nos enseñe a entender y ayudar a los muchos “elenos”, a apoyar a todos los que viven en soledad, como él. Ojalá tengamos disposición de ofrecer un abrazo, una palabra de aliento que, sin duda, a Eleno y a todos los que nos rodean les apoyará para mantener la salud mental y emocional.

El Devenir. Derechos reservados 2021 | Newsphere by AF themes.