27 mayo, 2022

El Devenir

Periodismo con compromiso social

La Cantina, donde la palabra se humedece: Celulares e imposición

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Opinión.

Acudí a las oficinas del DIF para gestionar la credencial del INSEN. La fila era pequeña y delante de mi estaban tres compañeros pertenecientes a la brigada “Betabeles”.

A uno de ellos le pidieron su CURP y a otro, ciertos datos, ambas solicitudes fáciles de encontrar con “teléfono inteligente.” El primero mostrando un “cacahuatito”, dijo, “no, pues de dónde, esta ancheta no da mas que para hablar y contestar”; la segunda, una mujer mayor, comentó:  ”jamás he usado celular ni pienso hacerlo”. Finalmente, dos amables jóvenes resolvieron el problema.

La situación me oriento a plantearme unas preguntas: ¿Cuánta gente que no usa celulares forma parte de un mundo del cual no quiere ser parte? Y ¿Esa decisión será sostenible?

Desde principios de este siglo los celulares se generalizaron sin que esto significara que fuera una condición para transitar en una vida de exigencias tecnológicas, pero ahora todo apunta a que los miembros de ese mundo podrían ser condenados a ser personas excluidas socialmente porque las exigencias se ven a diario en: documentos que diversas oficinas solicitan ser descargados in situ; en los restaurantes quien no traiga código QR corre el riesgo de comer “lo que caiga” y los que están más que listos para viajar a El paso deberán llenar formularios y otros requisitos desde su celular entre otras muchas requerimientos.

El teléfono, el telégrafo, el Internet (en sus inicios) se acompañaron de exigencias, pero no impusieron su uso discriminatorio, se podía vivir sin ellos. Hoy, en oficinas, aereopuertos, cruces migratorios y espacios de gestión diversa se ve a gente pidiendo de favor un celular y surge otra pregunta: ¿Tengo derecho a que se me atienda y resuelva mi trámite con o sin celular?

Desafortunadamente parece ser que caminamos apaciblemente hacia un mundo que no queremos en el fondo, pero que aceptamos sin mucha resistencia ¿Y los que se oponen? A ellos se les dice: “Qué no entiendes, ya vivimos en el siglo XXI, intégrate o te carga la….”

Será que para resistir es necesaria la opresión como la Nazi, la de Nicaragua o la de los yaquis frente al Porfiriato. Entonces ¿Por qué no nos resistimos ante el uso de los celulares y su derivación discriminatoria?

La respuesta tal vez la encontramos en que el mundo de mercado en que vivimos no oprime la libertad, sino que la explota, no se enfrenta a ninguna entereza. No es represor, sino tentador.

El señorío se hace completo desde una mercadotecnia perversa que presenta celulares, viajes, estudios, candidatos y modos de vida degradantes como un pleno ejercicio de libertad.

Me turba el imperio de los poderosos me da escalofrío esa rendición colectiva, apacible, en un marco de “libertad y democracia.”

“Anti celulares del mundo uníos”

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