domingo, agosto 14, 2022

Buzón, Fray Fernando

La Cantina donde la palabra se humedece. Comunidades

Tendría unos treinta años y por razones de “grilla” viajaba frecuentemente al entonces Distrito Federal con recursos proletarios y frugalidad espartana. De hospedaje: donde se podía; de comida; tacos de canasta y en contadas ocasiones costillas que relinchaban. De retorno en Chihuahua, asistir al lugar de reunión de la raza y contar las aventuras defeñas y gozar de un “pico de gallo” elaborado directamente en la barra de la cantina. Por lo demás, tomar agua de la llave, comer tacos con Chinto Mora, todo sin ninguna preocupación. De pronto, ingresé al grupo de amibiosos, al atacarme estos diminutos animalitos al grado de hospitalizarme.

“¿Todo eso comías? -Me decían- “Ya ni chingas, tienes intentos suicidas”

“Comía todo eso y más, hasta tripitas de la calle Juárez”

Durante mi estancia en el hospital y a mi posterior salida me enteré de que los amibiosos no éramos uno o dos. Para nada, formábamos una comunidad de cientos de personas, la mayoría jóvenes., lo cual me consoló un poco, tal vez desde la premisa de que “mal de muchos, consuelo de pendejos”.

“Que bueno que no te llegaron al cerebro”- dijo un miembro de mi nueva comunidad- “De llegar, hubieras quedado turulato”

“Con Fernando no se corre ese riesgo”- comentó otro ex amibioso en plan de broma “Fernando no tiene cerebro, solo cráneo”.

Pasaron los años y con cierto dejo de soberbia comentaba: “Estoy muy sano, fui amibioso, pero hace tiempo que abandoné esa comunidad. Ahora medio pertenezco a los prostáticos, pero eso no cuenta porque somos millones, es una comunidad viral e incontable. No obstante, no hace mucho desperté con un dolor leve en la boca del estómago. Fui a consulta y resultó que se alojó en mi flaca humanidad una piedra en la vesícula biliar

“Aguas”. Me advirtió un amigo (Y no de lo ajeno)- “Si te da fuerte el dolor puedes hasta perder el conocimiento”

“Si te ofrecen operación no te dejes” -Y ahí se inició una caudal de remedios naturistas que integran a: guamis, aceite de oliva, palo azul, limón, “airitos”, gordo lobo, Jugo de albahaca, Vinagre de sidra de manzana, Jugo de apio, jugo de frijoles, diente de león y decenas de remedios más.

La mayoría de estas recomendaciones de buena voluntad las hicieron personas que finalmente habían sido intervenidos quirúrgicamente, algunas de urgencia, y en ese momento me di cuenta de que había ingresado a una nueva comunidad: la de los “piedras rodantes”. Todos con una versión acerca del por qué de sus guijarros internos:

“A mi fregaron los lácteos, especialmente el queso”

“No, a mí, las carnitas, la cheve, la harina y la mala voluntad de mi suegra”

En fin, dos comunidades de sufrientes han marcado mi vida, y mientras espero que sea removida mi vesícula, creo que ambas me permitieron cumplir con el gran anhelo de ser parte de un grupo, de una colectividad que todo humano necesita.

Un saludo fraterno a amibiosos y “piedras rodantes”