domingo, agosto 14, 2022

Buzón, Fray Fernando

La Cantina donde la palabra se humedece. Cuerpos y corpachones

Cuando estudie la secundaria en la Escuela Normal del Estado, los alumnos que ya cursaban el tramo denominado profesional presumían de sus conocimientos de psicología. En una ocasión, uno de estos avanzados me dijo: “Tu eres un viscerotónico”. Reaccioné y le contesté: “que traes guey y tu muy rico ¿No?”

“Calmado”-me dijo-“es que tu no sabes, la personalidad se puede saber de acuerdos con los biotipos de Sheldon, yo la estudie en mi clase de psicología, pero voy a observarte mejor, tal vez no seas viscerótonico sino somatotónico o cerebrotónico”

Medio entendí que de acuerdo con el tal Sheldon era suficiente ver cuerpos obesos, enjutos, musculosos, para aplicar su tabla de biotipos que luego supe que se estableció como una división en tres categorías de los tipos de cuerpos humanos o Biotipos, atendiendo a su capacidad para acumular grasa y sintetizar músculo y se determinaron en tres categorías: Ectomorfo, Mesomorfo y Endomorfo.

No se porque esto se trasladó a las capacidades cognitivas o inteligencia si se quiere. Así los cerebrotónicos o ectomórficos serían flacos, cero panzas, un tanto debiluchos, nerviosos, medio miedosos, miopes, pero eso sí, muy inteligentes. Por su parte los somatotónicos o mesomórficos corresponden a tipos musculosos, agresivos, asusta pendejos, grandotes, casi con cintura de avispa, pero no muy listos. Y finalmente los viscerotónicos o endomórficos: panzones, redondos, cachetones, risueñitos, miembros cortos y casi siempre flácidos y medio listos.

Como yo todavía no era estudioso de la bendita psicología no supe bien a bien después de auto observarme en el espejo donde ubicarme. Desde luego rechacé al viscerótonico y navegué entre los dos restantes para concluir que era un auténtico cerebrotónico al reconocer mí sobrada inteligencia, delgadez sana, buen humor, hiperensibilidad emocional, gritar a lo loco y poco dado a cortarme la abundante cabellera.

La verdad yo no era tal cosa, salvo lo delgado que motivó a un malora a endilgarme el sobrenombre de “La Pelleja”. Con los años se me olvidaron las características de cada biotipo y fijé mis investigaciones de personalidad en otras expresiones como las de que si tal o cual individuo era propenseo a “desenvainar el sable” (pedir prestado), o ser parte del amplio sector que defiende con enorme energía que “primero muerto que bañarme o trabajar”.

Entendí que Sheldon de algún modo fortaleció criterios discriminatorios y racistas y dio impulso a ciertas ideas tradicionales referentes al significado moral o mental de algunos rasgos fisonómicos. Y por ello, ahora defiendo a compañeros “cejones” que todavía pueden ser catalogados entre las personas de carácter sexual insaciable. Trompudos que encuadran en la categoría de sodomitas y concupiscentes. A panzones que parecieran un peligro por aquello de la amenaza constante de un botonazo y nadie aceptaría casar a una de sus hijas con vástagos del gordito. A quienes poseen ojos “achinados” que pueden ser acusados de malas almas y en fin a los: “manotas”, “patotas”, “rodillas picudas”, cabezones, “brazos de chango”, a quienes al aplicarles la propuesta de Sheldon posiblemente no saldrían bien librados.

En la actualidad, recordando el señalamiento de viscerotónico de mis años tempranos, solo procuro tener un espejo que refleje de cuerpo completo mi cuerpo al salir del baño y convencerme de que mi cuerpo es lo que es, aunque no me guste.