domingo, agosto 07, 2022

Buzón, Fray Fernando

La Cantina, donde la palabra se humedece. Cuervos

Los buenos cuervos.

Los cuervos, como todos los días, llegan a mi jardín. Amanece, y su fúnebre color contrasta con el verde de árboles y plantas que el calor de temporada convierte en arcoíris fugaz.

El despertar matutino, el cafecito tempranero, me estimula las dos neuronas sobrevivientes y veo el grácil movimiento de las inteligentes aves. Me impresiona su pico puntiagudo, el movimiento de su cola larga romboide semejante a un esquema de ballet, y que decir de su plumaje de un bello color negro brillante con reflejos azulados y púrpuras. Saltan, giran, observan, y detrás de cada quiebro, tan elegante, siempre hay un insecto capturado.

Leo la información del día y me digo: “algo habrá que hacer, aunque solo sea divertirme con los cuervos de quienes se dice pueden llegar a imitar la voz humana y repetir palabras como si fuese un loro. Ojalá solo eso posean de los humanos, porque cómo olvidar por un momento todo lo trágico, miserable y absurdo que sucede aquí y ahora.

Luego llegan las palomas torcazas a competir con sus más listos compañeros, quienes pasean su negra indumentaria por el jardín cazando sin dificultad: avispas, abejas, y hasta lagartijas que huyen de tan desagradable presencia. Nada que hacer de las torcazas frente a sus inteligentes adversarios, solo esperar a ver que dejan del menú.

El enigma de los cuervos es indescifrable. Algunos los asocian con la oscuridad, la muerte y la maldad y otros con lo sagrado, la luz, la sabiduría y el pensamiento. Con todo eso no los excluye de tener que procurarse su comida con una eficacia exquisita.

Cuervos y torcazas devoran insectos, son muy eficientes, pero eficaces también son los gatos que les acechan relamiéndose los bigotes mostrando un toque de belleza a las capturas. Otros animales se integran a la cadena alimenticia como el tiburón con su aire de crueldad; el camaleón con su larga lengua de precisión y encanto geométrico o los robustos osos cuya paciencia bíblica les provee de jugosos salmones.

A veces duele ver las formidables formas de alimentarse entre animales, pero sabemos que lo hacen por sobrevivencia, jamás de manera inútil o cruel, y por eso, cuando leo la información matutina y me reencuentro con la Guerra de Ucrania, el sufrimiento de los migrantes, la farsa de Cumbre de las Américas, la creciente pobreza y desigualdad, y lo peor: la posibilidad que un pendejo ordene estallar bombas nucleares en “su guerra” con otros gananciosos, no puedo dejar de aterrarme.

Pensando en la real posibilidad de que los cuervos “hablen” les repito y repito: vuelen y díganle a esos humanos que se vayan mucho a………….( A donde ustedes gusten enviarlos)