domingo, agosto 07, 2022

Buzón, Fray Fernando

La Cantina, donde la palabra se humedece. Parteras

Todos los hijos de mi madre (6), excepto mi hermano Oscar, nacimos con auxilio de una partera. A la noble señora se le conoció como doña Joaquina y en tierras del municipio de Práxedis G. Guerrero apoyó decenas de partos convirtiéndose en una especie de madrina de los retoños.

Menciono esto porque el 5 de mayo se celebró el Día Internacional de la Partera y me atrevo a asegurar que muchos no saben que existió tan leal y singular personaje, y lo peor, si acaso saben algo de ellas, las asocian a los abortos clandestinos realizados al margen de la ley.

Para nada las parteras a las que debimos celebrar en días pasados tienen que ver con las llamadas “espanta cigüeñas”, pero si con mujeres que entienden al parto como un proceso natural de la vida de las mujeres. Lejos están de decir “ya se alivió” cuando una mujer da a luz porque su labor la conciben como un apoyo en el alumbramiento en algo similar a la menstruación, o sea un asunto normal y saludable para las madres.

Estas mujeres que por siglos han recibido a millones de nuevos seres jamás han creído que la esencia de su trabajo sea “curar a la enferma” como lo indica la medicina oficial. Al contrario, ven a las mujeres que apoyan en los nacimientos con normalidad y rescatan el atributo de la espera como un proceso, tal vez sagrado, pero nunca como un quebranto de la salud.

Unas dos generaciones atrás (1970) mas de la mitad de las mexicanas atendían sus partos en casa y con parteras. Llego “la modernidad” con el signo de control de paternidad responsable y los anticonceptivos y, ni modo, si una familia quería ser vista como moderna, las mujeres de la familia debían parir en un hospital y no con parteras. A la par empezó un discurso de desprestigio al asociar a las parteras y su trabajo como algo sucio y para gente pobre.

Otras mentiras cubrieron la noble labor de las también llamadas comadronas, pero se sabe a través de informes oficiales que en los últimos años las mujeres atendidas por parteras calificaron el trato recibido como excelente, porque fueron atendidas por alguien de su mismo género desde la visión de “una espera” correspondiente a un proceso normal y no de “ya me alivié”.

Ojalá se considere nuevamente la iniciativa de contratar parteras calificadas en clínicas y hospitales. Son mujeres que se entregan de lleno, con sus conocimientos, su experiencia (muchas de ellas son madres) y sobre todo con el amor de recibir en sus manos y brazos a pequeñines llorones. Son mujeres que dedican mucho tiempo y entrenamiento a tareas de embarazo, parto y puerperio. Son mujeres que se entienden con otras mujeres fuera del vínculo doctora- enferma.

Un saludo y reconocimiento a todas las mujeres que legalmente se dedican a estas tareas. Y un espiritual recuerdo a doña Joaquina que apoyo con decisión y amor a mi madre Consuelo para traer a este mundo a Fernando (ojalá no se haya arrepentido)