lunes, agosto 08, 2022

Buzón, Fray Fernando

La Cantina, donde la palabra se humedece. Salud Mental

En La Cantina alguien comentó refiriéndose a algún compañero de barra para desmentirlo: “estás loco, con lo que dices, no me queda duda: tienes alzheimer”. Enseguida añadió, ya no dirigiéndose a él sino a los demás: “De hecho, cuando fui a visitar a este loco, estaba en una gran depresión, en calzoncillos y sin bañarse”.

Este comentario no gustó a la culta y discreta concurrencia de La Cantina, tal vez porque puso al desnudo un suceso íntimo. O desagradó porque mostró al señalado como enfermo mental, cuando posiblemente solo pasaba por terrible cruda o resaca.

Esto no es raro. El mal en sí, el desconocimiento, el prejuicio, el estigma y el miedo han rodeado siempre la enfermedad mental. Sin embargo, la madre de todas las enfermedades de estos dos últimos años la visibilizó al menos parcialmente.

En la cantina se acepta desde palabras sabias: “No nos hagamos pendejos ¿Quién de los presentes puede afirmar que su casa, en su trabajo, en la calle, no existe: la depresión, el aumento de accidentes, ¿la frustración y rabia permanentes, el insomnio, la ansiedad, el estrés, las alucinaciones y muchos miedos? Y Dios nos libre de los suicidios que también están presentes”

“Pues como no hemos de estar jodidos”-agrega otro- “transitamos en una vida de competencia, de meter zancadilla, de cansancio hasta el agotamiento”. Otro filosofa y abunda: “Cómo no vamos a estar deprimidos si vivimos en un constante juego de sobresalir, comprar, de envidia, queremos ser famosos, aunque estemos feos.

Los parroquianos coinciden en que, en familia, todos preocupan, pero principalmente los jóvenes que se han encerrado en su mundo digital: vulnerables, con cero empatías, ignorancia de la presencia del otro, retraídos, baja autoestima, poca tolerancia y en algunos casos pasan meses sin salir de casa, pegados a las pantallas y encerrados en sus habitaciones. Y por miedo o discreción no hablan de los adolescentes criminales  en los que  se observa  no sólo frustración, huellas de bullying, sino una tendencia al espectáculo,  buscando hacerse famosos por unas horas. .

Alguien dice: “pobres de nuestros jóvenes, quizás con su conducta muestran una forma de huir de las presiones de la sociedad, de sus exigencias de éxito, y también de la violencia familiar o de las pocas oportunidades de realización laboral después de muchos esfuerzos para educarse”.  

Otros achacan tal situación a la pobreza, el desplazamiento, la inseguridad y la violencia y el abandono de los gobiernos que en el conjunto van minando las fuerzas mentales de muchos.

Y tienen razón ¿Cómo no vivir ansiosos y desesperanzados? ¿Cómo lograr un estado de bienestar en el que la persona realice sus capacidades para poder hacer frente al estrés normal de la vida, de trabajar de forma productiva y de contribuir a su comunidad?

Al final triunfa el ambiente y el lenguaje de La Cantina: “Ya no estén chingando con tanta pendejada. Oye tú, estoy seco, vino, vinito sagrado tormento, que haces afuera, vamos pa dentro”.