domingo, agosto 14, 2022

Buzón, Fray Fernando

La cantina: donde la palabra se humedece. Culpa y explotación

En La Cantina, algunos amigos comentamos el papel que juega la culpa en nuestras vidas y el cómo el poder se aprovecha de esto para arreciar diversas agresiones.

“Nacemos con culpa. A mí me atemorizaron y trataron de controlar desde la religión, pero ahora estoy convencido que mucho de esto esta al servicio de explotadores, y vaya que sigo siendo creyente ” Comenta un amigo.

Otro dice: “Yo también me considero cristiano, pero siento que esas formas de control llevan a que sea la gente quien la sufre, mientras que las élites, en especial la religiosa y política, la utilizan a su conveniencia”.

Los comentarios abundan y alguien señala: “Nombre, donde mas sentía esa culpa de pecador irredento era en mis fracasos laborales, amorosos, paternales, filiales y de emprendimiento.

Varios enfatizan: “Está de la chingada sentirse culpable por no responder a la exigencia de ser exitosos, no sólo en el trabajo, sino en la vida entera”. “El sistema nos quiere con cuerpos “cachondos”, familias modelo o vieja obediente, “bien pasturados” y credencial de la Guay o Britania. sanos, carro buenero, depilados y lo más difícil, inteligentes y creativos”.  

“Y si no lo haces te condena porque el sistema en que vivimos es angosto y cruel. Además, hace negocio con nuestro fracaso y nuestro miedo: gimnasios, clínicas de estética y de cirugía, cursos de emprendimiento, cremas embellecedoras, visitas a psicólogos. Ser perfecto cuesta dinero y salud mental”- agrega otro compañero-

Todas estas cosas, se concluye no sirven más que para vigilar y enjuiciar unos a otros. “Pues sí, somos esclavos de la culpa, del poder, entes perversos que gestionan nuestras vidas a sus anchas. Y ahora con eso de las redes sociales esta peor, porque conocen nuestros hábitos, gustos, viajes, economía. Nuestros vicios. Y nosotros, a su vez, conocemos los de los demás en la permanente exposición de intimidad y opiniones.

Al final ciertas cosas no cambian como la de que queremos que nos quieran con nuestras imperfecciones, errores y fracasos. Lo novedoso es que la necesidad de lloriquear un poco y mostrar nuestras heridas lo hacemos ahora por las redes sociales que se aprovechan desde la llamada “escucha social” para manipularnos y chantajearnos y nos impide asumir la parte de responsabilidad que nos toca. Esperamos a que sean los demás, siempre culpables, quienes resuelvan.

Luego, no abandonamos las redes sociales espacio de un coro de plañideras exagerando desgracias, al mismo tiempo que una máquina despiadada de amonestar y linchar.

O tal vez sea mejor refugiarnos en la conocida frase: “Entre el sentido de culpabilidad y el placer, siempre gana el placer”.