27 septiembre, 2021

El Devenir

Periodismo con compromiso social

La Columna de Jaramillo

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Opiniòn.

Carlos Jaramillo Vela.

  • La seguridad de Chihuahua… lejos de los intereses de AMLO.
  • El ríspido relevo Campos – Corral.

Complicada situación, sin duda, la referente al tema de seguridad bajo el cual arriba la gobernadora María Eugenia Campos al Poder Ejecutivo del Estado de Chihuahua. Difícilmente se puede pensar que el gobierno de Campos pueda recibir un apoyo sólido de parte del presidente Andrés Manuel López Obrador en el combate a la inseguridad y los delitos de alto impacto. Esto debido al evidente desinterés que el actual gobierno federal ha mostrado respecto a dicho asunto, pues ni el presidente ni el ejército parecen estar dispuestos a adoptar el papel que les corresponde en la materia y dejar de lado la injustificada e ineficaz política de “abrazos y no balazos” que tantos cuestionamientos le ha provocado al mandatario nacional.

Así, el ya de por sí serio problema de inseguridad que enfrenta Chihuahua resultaría un verdadero escollo para el gobierno de María Eugenia Campos en caso de que las cifras -extremadamente altas al término de la administración del gobernador Javier Corral- se elevaran aún más durante el sexenio local que está por empezar. Las estadísticas que hoy tiene Chihuahua en lo referente a homicidios violentos, así como las que en lo que va de su ejercicio ha acumulado la administración del presidente López Obrador, son quizá las mayores en la historia. Es preocupante el escenario que en este rubro se nos presenta. No obstante lo anterior, hay que concederle el beneficio de la duda a la gobernadora entrante.

Con las cartas credenciales desgastadas se presentan los actores protagonistas de la transición gubernamental en el Poder Ejecutivo del Estado Chihuahua. El escenario político no es el mejor, pero sí es de todos conocido: por una parte, un gobernador saliente que deja enormes insatisfacciones en cuanto a su desempeño material y moral; por la otra parte, la llegada de la primera gobernadora de Chihuahua, quien pese a su indiscutible triunfo electoral arriba al honroso cargo en medio de los golpes y suspicacias derivados de las acusaciones y el proceso judicial instaurados en su contra por su antecesor y correligionario de partido. El costoso golpeteo sufrido en términos anímicos, políticos y jurídicos por parte de la ahora gobernadora electa, a manos del gobernador saliente, podría desatar una fuerte represalia de la mandataria entrante contra su antecesor que tantos dolores de cabeza le causó. En caso de que al aún gobernador Corral se le llegaran a encontrar irregularidades graves luego de la conclusión de su mandato, y resultará enjuiciado y perseguido por quien hasta ahora aún es su víctima y próxima sucesora, se estaría materializando en los hechos la sabia frase que advierte que “el que a hierro mata a hierro muere”. El desenlace aún no se conoce, sin embargo, lo cierto es que Javier Corral deja el cargo en medio de un ambiente ríspido creado por él mismo, y con un futuro político-jurídico personal cuyo pronóstico es, por lo menos, reservado

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