sábado, julio 02, 2022

Buzón, Carlos Jaramillo Vela

La Columna de Jaramillo

AMLO: una amenaza para la Cumbre de las Américas.

Ha levantado controversia la negativa de Estados Unidos a recibir a Cuba, Nicaragua y Venezuela en la Cumbre de las Américas que se efectuará en junio del presente año en Los Ángeles (California, EE. UU.). Razones no le faltan al presidente norteamericano, Joe Biden, para mantener su postura de rechazo a la presencia de los líderes de esos tres países en la reunión internacional. Para nadie son un secreto las condiciones de corte antidemocrático y dictatorial que hoy caracterizan a los regímenes gubernamentales en Nicaragua, Venezuela y Cuba, pues el mantenimiento a ultranza en el poder por parte de los actuales mandatarios de estas naciones ha trastocado seriamente el orden democrático y los derechos humanos (civiles y políticos), en perjuicio de los ciudadanos, y en clara contravención a los tratados internacionales a los cuales se encuentran adheridos la mayoría de los países americanos (Declaración Universal de Derechos Humanos (ONU), Convención Americana sobre Derechos Humanos (OEA) y Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (ONU)).  

La represión y el encarcelamiento contra políticos opositores ha sido una constante en esos tres países, en los que la observancia de los derechos humanos fundamentales como el respeto a la dignidad y a las libertades de expresión y participación política son una asignatura pendiente. El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador ha intentado interceder ante Biden a favor de Miguel Díaz Canel, Nicolás Maduro y Daniel Ortega, bajo el argumento de la pertenencia al bloque americano por parte de los países que éstos tres mandatarios gobiernan, así como al amparo del respeto a la soberanía. Sin embargo, las razones de Estados Unidos, evidentemente son de mayor sustancia que los criterios de la consideración a la continentalidad y soberanía argüidos por López Obrador, pues la postura estadounidense se basa en el respeto a la legalidad y los derechos civiles y políticos, situación que es deficiente en las naciones cuestionadas.

Sin embargo, es tal la obstinación que mueve al mandatario mexicano en el propósito de coincidir con sus colegas Díaz, Maduro y Ortega en la máxima reunión política continental, que ha amagado públicamente con no asistir personalmente al evento -y solo enviar como representante al canciller Marcelo Ebrard- si los tres tristemente célebres presidentes no son invitados por Estados Unidos. Además, a la postura lopezobradorista se ha sumado Bolivia, mientras que Argentina, Brasil y Honduras también critican la exclusión. Interesante, sin duda, la connotación que el asunto ha adquirido, pues constituye una especie de reto o afrenta, o incluso podría considerársele una descortés injerencia política por parte de López Obrador en la organización del evento, cuya conducción corresponde a Estados Unidos por ser el país sede.

Bajo tal tesitura, la osadía de Andrés Manuel López Obrador lo ha colocado en un plano de rivalidad con su homólogo Joe Biden, anfitrión de la cita. Es preciso advertir que la eventual aceptación por parte de Estados Unidos respecto a las pretensiones del presidente López Obrador y otros mandatarios latinoamericanos, significaría un sonado triunfo político para el jefe del estado mexicano, pues el mensaje implícito sería que el inquilino del Palacio Nacional doblegó al titular de la Casa Blanca. Por el lado contrario, de perseverar Biden en su posición de rechazo a la presencia y participación de los citados personajes, quedaría en evidencia el distanciamiento político existente entre los actuales líderes políticos de México y Estados Unidos.

El divisionismo ha hecho irrupción en la comunidad de estados americanos; el “manotazo en la mesa” dado por López Obrador ha levantado revuelo y podría generar repercusiones políticas. La cancelación de la reunión cumbre podría ser consecuencia de ello; aunque también podría haber un endurecimiento en el trato de la administración Biden hacia el actual gobierno de México. Sin duda, el presidente mexicano ha asumido una postura temeraria, pues se empeña en defender lo indefendible; su actitud representa una amenaza para la Cumbre de las Américas, e indirectamente para México.