21 septiembre, 2021

El Devenir

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La triste aventura de Conrado Castañón, el muchacho de Ávalos, en los Olímpicos de Londres 48

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Mario Alfredo González Rojas.

Después de estos Juegos Olímpicos de Tokio 2020, han surgido comentarios sobre el desastre de México en dichas competencias, lo que no es una novedad. Se hacen acusaciones a los directivos pero de nada sirven, porque no se les llama a cuentas y no se les remueve. Además del gasto que representa mandar una delegación, es un tiempo perdido criticar a quienes dirigen el deporte en México en estos niveles.

Leía ayer un artículo en El Economista, sobre los sufrimientos que tienen muchos deportistas después de su participación en Juegos Olímpicos. Se sienten frustrados por no haber ganado, a pesar de todos los esfuerzos que hicieron. Bueno, en la vida en toda competencia, alguien gana y alguien pierde.

Recordamos lo que sucedió en los Juegos Olímpicos de Londres en 1948, juegos en los que estuvo por cierto formando parte de la selección de básquetbol el gran Josué Neri Santos, a quien se le incluyó posteriormente en la quinteta ideal del mundo, de acuerdo al criterio del manejador de los Globe Trotters, Abe Saperstein. Vale la pena también otra rememoración; el caballista Humberto Mariles, obtuvo medalla de oro, y era originario de Parral, Neri, de Ciudad Juárez. Estos hermosos logros de chihuahuenses, contrastaron con otro suceso muy lamentable, de lo que se dio amplia referencia en su momento.

Las cosas estuvieron así, Conrado Castañón fue un boxeador que formó parte de la delegación y que tenía muy amplias posibilidades para obtener alguna medalla. Originario de la Ciudad de Chihuahua, del “merito” Ávalos, se alistó como pudo para poder estar en la capital británica. Antes de salir para tierras europeas, Castañón fue objeto de toda clase de atenciones, apapachos; ir a unos juegos de esa naturaleza era lo máximo. A propósito, agrego una nota de El Diario de Chihuahua: “Suscrita por el señor Carlos Carrera G., miembro del Comité y Comisión Deportiva del Sindicato de Obreros Panaderos “Vicente Guerrero”, hemos recibido una atenta invitación para asistir al ágape que en el Café Acrópolis, ofrecerán en honor  de Conrado Castañón, a las 20 horas de hoy”.

Entonces todo era “vida y dulzura”. Previo a su inclusión en el equipo nacional, Conrado había ganado el campeonato municipal de peso pluma en la Ciudad de Chihuahua, y luego el XIII Campeonato Estatal en Ciudad Juárez. El siguiente paso era el nacional y lo ganó en la capital del país. Y llegó a Londres el muchacho chihuahuense.

Pero “el diablo que nunca duerme”, como suele decirse cuando acontecen los más imprevistos acontecimientos, se apareció en el gimnasio donde entrenaban nuestros pugilistas al lado de los argentinos. En resumen las cosas estuvieron de la siguiente manera: al retirarse cuando acabaron una sesión de entrenamiento los mexicanos, de pronto el entrenador de los argentinos le habló por teléfono a su similar de los nuestros, para referirle que se había extraviado una cámara fotográfica.

Acto seguido “puso el grito en el cielo” el entrenador de los mexicanos, y al final de cuentas terminó por dar de baja del grupo a Conrado Castañón y otros dos peleadores. Los tres quedaron como sospechosos, y entonces hicieron su viaje de regreso a Ciudad de México, en donde fueron recibidos con toda clase de reclamos por algunos enfurecidos aficionados. Después de esta grave acusación, el jefe de la Delegación de Argentina mandó una carta a su similar de México, en que le decía que todo se debió a una confusión y que la “embrujada” cámara no se perdió. Ya era demasiado tarde para componer lo descompuesto. En el colmo de los pesares, sucedió que Castañón no contaba con dinero para pagar su boleto en camión de regreso a su “tierra”. Al fin hubo quienes se acomidieron y juntaron unos centavos para el pasaje y las tortas. Y el muchacho estuvo otra vez en Ávalos, con su familia, sus cuates y toda una carga de amargos recuerdos de lo que fue su incursión en tierras extrañas, para participar en unos Juegos Olímpicos.

Como decía al inicio de este texto, son muchos los sufrimientos en ocasiones para los olímpicos al terminar su aventura. Ahora imaginemos lo que experimentó nuestro paisano, al dejar Londres, y enseguida, al regresar a los brazos amorosos de la patria chica.

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