domingo, agosto 14, 2022

Aída Holguín Baeza, Buzón

La voz, la escritura y la pintura

François-Marie Arouet, mejor conocido como Voltaire, decía que la escritura es la pintura de la voz.

Por supuesto que, para comprender esa metáfora, sería necesario profundizar en el tema del arte pictórico; sin embargo, por la limitación de caracteres máximo (3,000), eso es imposible -al menos no en esta ocasión-. No obstante, para entender a qué se refería Voltaire, basta con relacionarlo con lo expresado por Satcy Martin en el sentido de que un pintor pinta porque necesita comunicarse y desafiar las ideas preconcebidas.

Entonces, tomando como referencia la idea de Martin para entender a Voltaire, al igual que Carlos Cañas encuentro que el arte de la pintura es como un clamor que se reúne con otros clamores. Y, sin duda alguna, la escritura también se puede constituir en un clamor que se une a otros clamores; y así es como queda más claro por qué la escritura puede ser considerada como la pintura de la voz.

Analizado de forma inversa, la conclusión no es distinta. Y es que tomando como base que, de acuerdo con Stephen R. Covey, la escritura destila, cristaliza y clarifica el pensamiento y ayuda a separar el todo en sus partes, no queda duda que de la pintura es un medio a través del cual se puede hacer lo mismo.

Ahora que, si lo analizamos desde la perspectiva de “la voz”, el resultado del análisis no es distinto. No si se considera que “la voz” es el medio y la fuerza de la expresión humana. En ese sentido, y aunque según Sigmund Freud la voz puede ser apagada -por motivos de censura, represión, autoritarismo, criminalización, etc.-, no descansa hasta haber logrado hacerse oír e, incluso, en última instancia, después de interminables repudios consigue su objetivo. De ahí que ese sea uno de los pocos aspectos en los que cabe cierto optimismo sobre el futuro de la humanidad -subraya Freud-.

El caso es que, como una condición necesaria para el pleno ejercicio del derecho a la libre expresión -derecho fundamental e inalienable, inherente a todas las personas-, la manifestación de “la voz” (como el medio esencial y fuerza de la expresión verbal y no verbal) debe -y puede- ser por cualquier medio de expresión, y sin limitación de fronteras (geográficas, políticas, ideológicas, sociales, generacionales, etc.).

Regresando la metáfora en la que se centra la reflexión que ahora nos ocupa, y teniendo claro por qué que Voltaire aseguraba que escritura es la pintura de la voz; solo resta decir que, ya sea corporal, gestual, oral, escrita o ‘pintada’, la voz y sus matices son el reflejo de determinadas situaciones comunicativas producto de la actividad humana y que, por ende, tendrán un impacto en el futuro de la humanidad.

En esta ocasión, finalizo parafraseando lo dicho alguna vez por el escritor y crítico literario inglés, Graham Greene: Escribir es una forma de terapia; a veces me pregunto cómo todos aquellos que no escriben, componen o pintan pueden escapar de los estados anímicos inherentes a determinadas situaciones de la vida -cotidiana o extraordinaria-.

Aída María Holguín Baeza
laecita@gmail.com