sábado, julio 02, 2022

Buzón, Luis Villegas Montes

Las cosas que de verdad importan nunca son en blanco y negro 

Una reflexión personal.

De la mano de la amistad recibí unos regalos maravillosos; el primero, fue el libro Ángela Merkel. Crónica de una era,[1] que en un arranque súbito de bendita generosidad, me regaló Hortensia Aragón, quien, esperemos, en breve empezará a entrar y a salir de estas páginas como Pedro por su casa, ya lo verán; y el segundo, de mi sobrina Lily, quien se deshizo en disculpas que porque los libros costaban apenas como nueve euros cada uno, pero no, esque tío, al tipo de cambio tú no sabes, está carísimo, y el envío, yo creo que me estafaron, ¡ay, Dios, qué pena! y desde Uruapan (¿o era Europa?) y así. 

Como sea, el título de estos párrafos obedece a que, en una de las páginas del primero, leí esta cita: “la esperanza no es la convicción de que algo va a terminar bien, sino la certidumbre de que algo tiene sentido al margen de cómo acabe”; (2) y me encantó porque así es. No hay modo de saber qué nos depara el futuro por más esfuerzo que empeñemos en ello, ni siquiera podemos atisbar en las entrañas de la verdadera razón de las cosas; solo queda, o debería quedarnos, la creencia de que lo que hacemos está bien, de que vale la pena, de que el sacrificio o el anhelo, se justifican por la bondad de la causa. Lo demás no sirve. Pero, ¿qué es lo demás? 

Esa indefinición, me recordó una frase que cito a la menor provocación y que, siempre, siempre, siempre, debo buscar en la web (esta no fue la excepción), dice: “No hay verdades únicas, ni luchas finales, pero aún es posible orientarnos por verdades posibles contra las no verdades evidentes y lucha contra ellas” escrita hará una friolera de años por don Manuel Vázquez Montalban; y ahí es donde entra Ileana mi sobrina porque sus dos libros de regalo, de méndigos nueve euros cada uno, son de él precisamente. ¿Y qué creen? Me enamoré. 

¡Qué bien escribe, carajo! Y es que, quizá ustedes no lo sepan, pero es muy difícil hallar un autor así, que se te quemen las manos y los ojos por leerlo; que te dé miedo que se acabe el libro; que te suden los dedos por pasar sus páginas y te duela un poco cuando lees la palabra “fin” o das vuelta a la última hoja. Y don Manuel, bueno, se murió hace un montón de años, casi veinte, y no voy a poder conocerlo sino por lo que dejó escrito; y hoy empiezo esa afición que cultivo desde hace lustros: cazar libros. 

Así que, a la próxima ida a España, si Dios quiere, me voy a ir encuerado (metafóricamente hablando, no vayan a pensar que voy a ir a pasear mis miserias por la calle de Alcalá y poner en mal el nombre de México), porque me voy a ir nomás con el libro de papel que lleve en mano (los electrónicos se reservan para el Camino de Santiago) y me voy a regresar con una minibiblioteca erigida en loor de don Manuel, a quien pienso apearle el “don” en cuanto nos agarremos tantita confianza. 

Bien, el título de estos pliegos se justifica porque, creo, las cosas que de verdad importan nunca son en blanco y negro; como las dos citas lo insinúan, en los requiebros del lenguaje se agazapan multitud de guiños, en las esquinas de las palabras se abren bifurcaciones insospechadas y los sustantivos de los sujetos y los verbos de los predicados, se visten y desvisten a capricho y a su real antojo. Qué difícil es albergar certezas sobre aquello que de verdad importa y mueve al mundo: ¿Qué es el amor? ¿Qué la lealtad? ¿Qué la verdad o el valor? ¿Qué la amistad? 

No, no hay modo de asir, de comprender a cabalidad (o de intentarlo al menos), aquello que de verdad importa, si no es con la porfía de la reflexión constante, en un intenso soliloquio (diálogo de loco) o en un ejercicio de auténtica mayéutica socrática, pero diálogo al fin, que alumbre el entendimiento e ilumine las aristas, los recovecos, de ideas y conceptos. Para eso sirve la filosofía, ese bien tan escaso hoy en día. 

En fin, como dijo don Manuel: “No hay verdades únicas, ni luchas finales, pero aún es posible orientarnos por verdades posibles contra las no verdades evidentes y lucha contra ellas”. No claudiquemos. 

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Luis Villegas Montes. 

luvimo6608@gmail.comluvimo6614@hotmail.com 


[1]CARBAJOSA, Ana. Ángela Merkel. Crónica de una era, Ariel, España, 2021. 

[2]Ibídem, p. 126.