domingo, agosto 14, 2022

Benito Abraham Orozco, Buzón

Liderazgo y hostigamiento laboral

En estos tiempos económicamente complicados por distintos motivos, en los que la necesidad de tener y/o de conservar un empleo resulta muy marcada, he tenido la oportunidad de conocer situaciones en las que un sinnúmero de personas tiene que tolerar múltiples abusos de sus jefes con tal de no ser despedidos.

Si bien no es un tema de hoy, sino que igual se pudiera decir que de siempre, lo que llama la atención es que con ese supuesto avance que se ha tenido en materia de derechos humanos, continúan presentándose graves abusos tanto en la iniciativa privada como en la administración pública.

Desde hace décadas se ha promovido la impartición de diferentes cursos tendientes a conseguir un mejor desempeño de directivos y de trabajadores y, en consecuencia, una mayor productividad en ambientes laborales sanos, pero tal parece que eso ha sido pura simulación, en un propósito de mostrar a empresarios o a funcionarios públicos “sensibles” a las necesidades de los trabajadores.

Continuamos viendo a esos jefes y jefas desde los niveles más altos (insisto, tanto en la iniciativa privada como en la administración pública), que gozan al ver como sus subalternos les temen, y piensan que eso es una virtud. Además, también hay aquellos directivos que ni saludan, platican o conviven con los empleados, al considerar que eso pudiera entenderse como debilidad o como un abrir una confianza que no se pueden permitir, por ser “superiores”. Por otro lado, hay quienes tratan humillantemente a quienes tienen a su alcance, pensando que todo lo material y humano que se encuentra en la oficina o área respectiva, son de su propiedad y están para servirles.

Hablarles con malas palabras, querer tenerlos en el centro laboral a cualquier hora y en largas jornadas de trabajo, no darles el crédito por un buen desempeño, y tenerlos amenazados con la posibilidad de ser despedidos cuando así lo deseen, es algo muy común en la relación de esos patrones con los empleados. Por cierto, todavía no han entendido que el trabajar a deshoras es un signo de ineficiencia o de mala distribución del trabajo, y el que alguien permanezca fuera del horario y/o días laborables, no es para aplaudirse, sino para revisar hasta qué punto tiene un buen desempeño o si se está abusando de él al exigirle trabajo en exceso.

Hurgando en internet, en búsqueda de la diferencia que existe entre un líder y un jefe, a efecto de tener claro cuáles son las virtudes del primero y los defectos del segundo, me encontré con un artículo que de inicio refiere: “La diferencia importante entre Jefe y Líder radica en que un líder no necesariamente tiene autoridad, aunque, por supuesto, puede tenerla; existen jefes que son auténticos líderes” (“¿Eres jefe o líder? 5 puntos para descubrirlo”, Revista Forbes, escrito por Raciel Sosa, 08/octubre/2019, https://www.forbes.com.mx/eres-jefe-o-lider/). Esto es, que ambas figuras no se contraponen, pero única y exclusivamente habiendo

voluntad, pudieran complementarse. Es sumamente sencillo ser un jefe con liderazgo, pero no cualquiera tiene la humildad y la madurez para proponérselo y para conseguirlo.

La extensión de la presente colaboración no permite transcribir en que consiste cada uno de los 5 puntos citados en el artículo en cuestión, pero para darnos una idea de ellos, mencionaré cuáles son: el jefe habla y el líder escucha y habla; el jefe delega y el líder faculta; el jefe dirige una acción y el líder dirige e inspira; el jefe busca culpables y el líder aprende del error, y; el jefe alimenta su propio ego mientras que el líder alimenta el espíritu del equipo. Entender la diferencia entre uno y otro definitivamente no es difícil. Lo complicado es dejar de lado soberbias y complejos.

De los puntos señalados, indudablemente al hablar de liderazgo estamos hablando de trabajo en equipo, de inclusión, que redunda en una mejor disposición a colaborar. El ser un jefe a secas, de esos que ya deberían estar en desuso, no provocan sino desmotivación y falta de compromiso.

Un líder no se atreverá a tratar mal a los demás. No le será adecuado el estar desgastando innecesariamente a los colaboradores al querer tenerlos en la oficina fuera del horario laboral, sin justificación alguna. Un líder no buscará el alejamiento de su equipo de trabajo, sino por el contrario, fomentará la comunicación permanente y la crítica constructiva, acompañado de la mayor armonía posible en todo el entorno laboral. El evitar el estrés en los miembros de la organización le será una de sus prioridades.

Los jefes seguramente querrán aplicar —y aplican— estrategias sacadas de “El príncipe” de Maquiavelo o de “El arte de la guerra” de Sun Tzu, jactándose de lo “chingones” que son, como si quienes laboran en los respectivos centros de trabajo fueran el enemigo.

¿Qué sentido tiene tratar a los demás con la punta del pie? ¿A caso los jefes pensarán que sus subalternos no identifican los traumas que vienen cargando desde quien sabe cuando? ¿Preferirán el resentimiento y el reproche, al afecto y al respeto?

El ser un jefe a secas, o el ser un jefe con liderazgo, indefectiblemente marcará la diferencia entre ser una buena o una mala persona.