28 mayo, 2022

El Devenir

Periodismo con compromiso social

 ¿Lo anexo o no lo anexo? Sin vuelta de hoja

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Ernesto Salayandía García.

Esta es la historia de Ramón, un niño drogadicto desde los doce años de edad, huérfano de madre, hijo de padre alcohólico y drogadicto, el, marihuano de hueso colorado, flaco, parece un espagueti de lo largo y estirado, como todo buen adicto, muy inteligente, pero extremadamente endeble para  manejar sus emociones, la vida ingobernable que ha llevado le ha dejado severas consecuencias, desidia, abandonar la escuela, se convirtió en un vago y en un latente dolor de muelas, él quiere dejar de consumir, pero no puede mantener ese limpio, la ansiedad le gana y la compulsión es enorme, además de la marihuana, usa otra sustancias toxicas y con el tiempo ha adquiriendo el lenguaje corporal del drogadicto, que es hombros casos, en jorobado, cara larga y apagada, su caminar es torpe y lento, la actitud que denota, es de rebeldía, agresiva, lleva tres procesos de tres meses cada uno y los resultados han sido por demás nulos, insuficientes para su nivel de ansiedad y cada día que pasa, el hoyo de sus adicciones se hace cada vez más profundo y grande. Con el tiempo, se ha convertido en un drogadicto metodista, se ha metido de todo y a últimas fechas, se prendió del cristal, sus niveles de compulsión son muy altos y su ansiedad, es enorme, por supuesto que todas las puertas de un buen futuro alentador, están cerradas, Ramón, es un cero a la izquierda en la escuela, no sabe hacer nada, a veces de chalan de turcas en un taller mecánico, pero solo eso, no tiene capacidad de ahorro, porque si como gana, así lo gasta en sus consumos de drogas y los estragos en los daños físicos y mentales no se han hecho esperar, la saludo de Ramón, va de mal en peor.

Un barrio contaminado

Circula entre los compas de ramón, el conocido spug que es una bolsa de politileno con  tinta fuerte, pintura en aerosol o tihener, se rola entre la banda, como se rolan los churros de mota o los trozos de peyote, su entorno, lo  componen jóvenes nacidos para perder, adictos mediocres que no quieren o no pueden salir del hoyo, la droga esta al alcance de cualquiera y es el refugio  de mal vivientes que se ven en la necesidad de robar a sus vecinos para poder cubrir sus dosis de consumo, no existe la desintoxicación, ni la rehabilitación, son adictos, murtos en vida atrapados si salida a la edad de doce a discaseis años, al parecer a nadie les importa estas criaturas drogadictas, todos ellos, vienen de los tornados de los hogares disfuncionales hijos de padres alcohólicos y drogadictos-

 De cada diez internos,  9 recaen

Los centros de rehabilitación y clínicas en México, han fracasado en la mayoría de los casos, debido a que no existe un plan terapéutico profesional, los adictos en recuperación, que siente que la virgen les habla al iodo, no hacen masa que entorpecer el aburrido y obsoleto programa de recuperación, triste es el caso, que muchos directores a anexos, no se han recuperado asimismo, su calidad de vida y borrachera seca, deja mucho que hablar y han hecho en negocio del siglo, dándoles atole con el dedo a los drogadictos que en verdad, quieren recuperarse, pero no pueden.- No basta con el encierro a fuerzas de tres meses, ni con la caduca terapia de adicto a adicto, algo está funcionando muy mal y los padrinos, se sienten la divina garza, cuando no valen ni tres cacahuates.-

Rotundo fracaso

En los últimos 40 años, ha quedado asentado el rotundo fracaso de la gran mayoría de los centros de rehabilitación, por muchos años, se han ganado una pésima imagen de agresión al interno, golpes a puños cerrados en las estadlas, patadas y otras agresiones, la ignorancia, así como la neurosis desbordada de quienes “ cuidan “  los internos ha cejado una profunda huella que pisotea la dignidad y los derechos humanos, sin que la terapia de agresión, genere resultado alguno, muchos anexos, dejan completamente sus salas de internos al cuidado de otros adictos en recuperación, neuróticos empedernidos que con tantito poder, abusan de la debilidad de los pacientes y cuidado y abran la boca, porque las consecuencias son mayúsculas, son los golpes, las groserías, los castigos de dejarlos sin comer, lo que a veces les funciona, para que el adicto se abra y se derrote ante su vida ingobernable, se abrazan si, a punta de trancazos, sin que nadie diga ni haga nada.

La terapia del garrote

Al hostigamiento físico, hay que agregarle la sicosis del encierro, la mayoría de los anexos, están saturados, los patios o espacios libres son muy reducidos en los dormitorios, duermen todos apretados, unos encima de otros, los niveles de neurosis es muy alto, lo que provoca aburrimiento y depresión, hoy hay autoridad que regule el cupo máximo y la saturación, en la mayoría de los casos, supera las cien personas, se mezcla una terapia de tocho morocho, al cuidado de pasantes de psicología que desarrollan sus temas, sin mayor trascendencia, no se contratan a profesionales de la terapia, ni a expertos de las ciencia medica, en ese sentido, la mediocridad de un anexo, es altamente palpable

No hay terapeutas profesionales.

Cualquier adicto en recuperación, un año limpio, puede poner su clínica o centro de rehabilitación, no es necesario acreditar sus niveles de escolaridad, ni conocimientos, basta con una buenas labia, para sentirse el padrino de padrinos, basta con caminar con aires de grandeza para intimidar a los demás, la autoridad, solapa que las instalaciones no sean las apropiadas, que no cuenten con espacios amplios para la terapia física, mucho menos, existe hay un cuidado por l nutrición, lo adictos se acostumbran al cando espiritual, repollo con agua y una tortilla, no hay un plan de nutrición, a pesar de que el cuadro de un adicto, es anímico crónico, as pesar de que la alimentación en la recuperación de cualquier drogadicto es fundamental, los baños son insuficientes, pocas regaderas para un mundo de adictos, las salas, están saturadas de recaídos, recién llegados y de nuevos internos que soportan tres meses de aburrimiento y lento aprendizaje por la baja calidad de las terapias.

Mal de muchos, consuelo de tontos

En rehabilitación, desintoxicación y readaptación social, estamos en pañales, la fábrica de adictos no se detiene, hay focos de infección por todo lado, el desfile de las derogas tiene una gran variedad y por supueto que una enorme demanda, el niño drogaidto que entra en este mundo, ya no sale, es decir, la recuperación, es muy lenta y escasa, no solo es un problema de alcohol y drogas, es algo sumamente complejo que extermina con la vida presente y futuro de los adictos, no he visto a nadie que le gane, es una enfermedad muy cruel, tienes que tocar infinidad de fondos para respetar y comprenderla, hay un sacabon de ignorancia, demasiada confusión y soberbia por parte de la familia que tiene un drogadicto en casa, es sin duda una enfermedad, cruel, maldita enfermedad perversa  del alma, así que si la pregunta es.-¿ Lo anexo o no lo anexo? La respuesta está en los hechos, la amarga experiencia de un anexo, es también un fondo que el adicto debe de vivir.- La familia, compra tres meses o mas de vacaciones.-

Hace 23 años que estuve anexado y no ha cambiado nada

Yo llegue por mi propia voluntad al anexo que me vio nacer, llegue pesando menos de 50 kilos, por el síndrome de supresión, comencé a arrojar sangre cada vez que iba a obrar y me deban tres pedacitos de papel para que me limpiara, el dolor de huesos, era insoportable, éramos 120 internos, entre niños, mujeres y hombres, por las mañanas nos daban avena sin azúcar y a veces una pieza de pan duro, al medio día, el caldo espiritual, hirviendo,  con repollo y agua, una tortilla y te daban tres minutos para comer, por las noches frijoles rancios con gorgojos, igual hirviendo, dormíamos en el sueño todos tirados y amontonados, la terapia era de mentada de madre, demasiada neurosis por porte de los apoyos y padrinos, de la literatura, en el suelo eran un montón de hojas sueltas y rotas, la terapia de adicto a adicto, era tediosa, sumamente aburrida, n había nada atractivo, todos los días era lo mismo, el mío, fue un proceso, lento, duro y doloroso, por supuesto nada que ver con los 35 días que viví en Oceánica, Mazatlán, se el porwue4 voy a cumplir 23 años limpio y he crecido espuriamente, no sin duda, sí que no fue por la crueldad y dureza de mi internamiento.

Los niños adictos se hacen viejos viviendo de un poseso a otro de tres meses cada uno, los niveles en clínicas y centros de rehabilitación, son muy altos, con contados los que logran salir de las turbulencias de las adicciones, no existe conciencia respecto a la situación de los menores drogadictos, no hay un programa de rehabilitación, mucho menos un plan nacional de prevención, la drogadicción, está matando a la niñez mexicana.- ernestosalayandia@gmail.com, en materia de rehabilitación, desintoxicación y de readaptación social, estamos en pañales.- Claro con sus muy honrosas y contadas excepciones.-

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