28 mayo, 2022

El Devenir

Periodismo con compromiso social

Lo que de verdad importa

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Opinión.

         Algunos de los temas que actualmente se encuentran en la opinión pública, son la revocación de mandato y la reforma electoral, polémicos en sí mismos, o porque así lo han querido determinados grupos a favor o en contra. Al fin y al cabo, nuevamente enconos que siguen dividiendo a amigos, familias y a toda la sociedad.

         ¿Madurez en ello? ¿Actos heroicos si desparramamos veneno en pro o en contra? ¿Quiénes son los dueños de la verdad? ¿Son desgastes innecesarios? ¿Criticamos a los adversarios y nos cegamos con quienes nos agradan? Si pedimos que quiten a alguien de determinado cargo: ¿tendremos a un reemplazo honesta y capazmente impecable?

         Podemos enfrascarnos en mil y una discusiones sobre diversos aspectos, quedando satisfechos porque nos dieron la razón o porque creemos tenerla, pero no estamos dispuestos a escuchar con atención al interlocutor y a ser sensible ante lo que necesita. Por ningún motivo tendremos la humildad de aceptar, en su caso, que estamos en parte o totalmente equivocados, o que no se trata de llamar la atención, sino de atender los problemas ajenos y asumirlos como propios en un propósito empático.

         Nos encontramos ensimismados, considerando sólo lo que a uno le interesa o necesita, pero no estamos dispuestos a ver a los demás como parte de una comunidad, como prójimos.

         Ese individualismo que día a día va acaparando más “conciencias”, es en gran parte lo que va provocando esa carencia de preocupación por lo que le pasa, ya no digamos al desconocido o al conocido, al compañero de trabajo, al vecino, etc., sino lo más grave, a nuestros propios hermanos y padres.

         Si tuviéramos arraigada una cultura de la solidaridad, de la justicia, de la honestidad, de la responsabilidad, entre otros valores, otra sería nuestra condición como sociedad y como individuos. No tendríamos ese abominable y atiborrado marco jurídico que, en sí mismo, con esa normatividad especial que pretende reivindicar a determinados grupos, lo único que hace es resaltar las diferencias, pues generalmente viene a ser letra muerta.

         Si cada quien pusiera su granito de arena e hiciera lo que responsablemente le corresponde, no habría esa inconformidad y exigencia de los múltiples grupos que, por razones de sexo, condición económica, procedencia étnica, creencias políticas o religiosas, etc., se sienten y son excluidos.

         Si fuéramos otros como sociedad, si tuviéramos como valor supremo el preocuparnos y atender las necesidades de los demás, ello indudablemente derivaría en un círculo virtuoso, y no tendríamos que estar exhibiendo nuestras míseras actitudes al regocijarnos cuando ofendemos a alguien. En todo caso, nos daría demasiada vergüenza.

         Apoyamos o desaprobamos una reforma electoral que pretenda darle una sacudida al INE, o el votar o no votar en el próximo ejercicio de revocación de mandato, pero en gran parte sin un previo análisis y reflexión sobre el particular. Ahora sí que, en muchos casos, como verdaderos borregos estamos a lo que nos digan quienes liderean determinadas posturas u organizaciones políticas.

         Si nos pusiéramos a investigar como designan a quienes dirigen al INE y a los institutos estatales electorales, tendríamos en consecuencia que no es sino mediante negociaciones entre las cúpulas de los principales partidos políticos, soslayando las necesidades de la sociedad al respecto. ¿A quiénes obedecerán esos “angelitos” que manejan a su antojo la “autonomía” de los órganos electorales?  Por otra parte, el suponer mil cosas con que si vas o no a votar en la próxima revocación de mandato, cuando todo está por demás claro, únicamente viene a propiciar mayores enconos. Si alguien desea que el presidente López Obrador continúe en su cargo, o que ya no lo haga, pues a votar en el sentido que corresponda, y si no le interesa el tema, pues que no acuda a votar y ya. Pero no falta el que cree saberlo todo, o el que siendo experto en la materia le impregna la mala fe a sus manifestaciones, en un afán de tergiversar las cosas.

         Estamos inmersos en luchas que la verdad no nos corresponden y/o que nada bueno aportan en una relación social. Estas gentes que provocan nuestros enojos y diferencias, finalmente terminarán en la convivencia y en la connivencia mutua (ejemplos los hay de sobra), y los demás seguiremos cosechando los frutos de la discordia.  

         No dudemos que detrás de estas personas que con una u otra postura inciden en el ánimo social en temas de interés general, existe toda una logística dispuesta a generar tales desavenencias.

         En lugar de “hacerles el caldo gordo” a estas personas y organizaciones que lo único que pretenden es generar divisiones, y de destinar horas y horas en discusiones insanas e infructuosas, ocupémonos de lo que en verdad importa: ser sensibles y solidarios con los demás.

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