domingo, agosto 14, 2022

Buzón, Fray Fernando

La Cantina, dónde la palaba se humedece. Lugares y personajes

Me gusta caminar la ciudad, por el canal y los terrenos ganados al río. Ir por la Cuarta Vieja con su oferta de verduras y su indigencia que se extiende día a día, para luego subir a Catedral y saludar a don Antonio de Deza y Ulloa. Cruzar la plaza de Armas y luego decidir por seguir rumbo a la calle Libertad, o la Victoria, quizás la Aldama, rúas generalmente llenas de gente en donde no faltan agazapados y alertas, que pueden manotearle una cartera al distraído o el celular al enamorado que atiende su conquista sin ocuparse de su alrededor.

El” Centro”, como se conoce a esta zona, alberga a la Casa Chihuahua, a Palacio de Gobierno y un montón de oficinas municipales y estatales. En plazas, calles, oficinas, iglesias me gusta observar estos seres que no advierten qué imagino a partir de ellos. En cada paso, en cada rostro, me digo, hay una historia que espera ser contada. Caminar es vital para la narrativa.

Decido transitar por la Plaza del Ángel, encontrarme con la iglesia de San Francisco, la estatua de Talamantes que recuerda al inolvidable Iris que en su época dorada reunía artistas visuales, escritores, intelectuales, una fauna en extinción. Luego entrar de lleno a la Juárez con su nostalgia de mercado, escuela de niñas, bares desaparecidos, zona roja y pulular de un comercio de verduras, frutas, leche, abarrotes y útiles escolares de la Mercería Boston. Y porque no echar un vistazo por la Aldama, la 25 y la Niños Héroes, calles plenas de cantinas y rematar en la Plazuela Perea en donde todavía se juntan por las noches grupos de personas de la calle harapientos, drogados, borrachos, gritones, cantan, bailan, aúllan, tropiezan y pelean. Pasan las horas, empiezan a tambalearse, pero no olvidan proferir insultos, a veces golpes, hasta que llegan los municipales, los uniformados sacuden algunos, cargan otros, y en la madrugada, ahora silenciosa, se oye apenas un quejido de alguien que no desquito la llevada.  

Continúo por la Niños Héroes hasta llegar al canal donde la miseria está a flor de banqueta y rincón. Después de caer la penumbra se ve gente abrigada por cartones o lonas, me preguntan ¿Dónde? Tal vez su frecuencia ha invisibilizado este panorama, pero no, aquellos que quieren pasar de largo y evitarla a veces no pueden eludir pasarles cerca a los indigentes sin evitar que les pidan una moneda para comer, un cigarrillo. En ocasiones colaboran evitando las miradas perdidas y las bocas desdentadas mendicantes.

Por eso en cada paso, en cada rostro, hay una historia que espera ser narrada, pero no solo esto ¿Qué hacer para en lo posible abatir las tremendas desigualdades?