16 octubre, 2021

El Devenir

Periodismo con compromiso social

“Nadie está a salvo hasta que todos seamos vacunados.” advierte la Organización de las Naciones Unidas

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Viviana Mendoza.

Más de tres millones de personas han muerto. Cientos de millones se han contagiado. Muchas vidas y economías han quedado devastadas.

Con un aterrador costo humano, la COVID-19 nos ha enseñado que todos vivimos en el mismo pequeño planeta y que nuestros destinos están interrelacionados.

Y la crisis aún no ha terminado. Una nueva ola está amenazando a numerosos países, y a medida que el virus muta, podría sembrar el caos en el mundo una vez más.

Este año se producirán suficientes vacunas contra la COVID-19 como para abarcar al 70% de la población de todos los países del mundo. Sin embargo, la mayoría de ellas están reservadas para las naciones más acaudaladas.

Los países ricos han recibido más del 83% de las vacunas. Los países pobres han recibido apenas un 0,2%.

A este ritmo, muchos de los países de ingresos bajos e ingresos medianos no alcanzarán una cobertura generalizada hasta 2024 o 2025.

En América Latina, únicamente Chile ha sido capaz de comprar suficientes vacunas para inocular a toda su población.

Y los países ricos no solamente están recibiendo las vacunas, sino que las están acopiando, una estrategia que el Director General de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, ha definido como un “catastrófico fracaso moral”.

El desafío no podría ser más apremiante, y no solo para los países pobres. No vacunar a todo el mundo prolongará la pandemia —con los enormes costos sociales, sanitarios y económico que eso conlleva— y posibilitará el surgimiento de variantes del virus que posiblemente sean resistentes a las vacunas, lo que pondrá nuevamente en peligro a todos.

Las mutaciones podrían neutralizar la eficacia de la primera generación de vacunas en menos de un año.

El año pasado, la OMS, la Alianza Mundial para el Fomento de la Vacunación y la Inmunización (GAVI) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) crearon el Mecanismo COVAX para el Acceso Mundial a las Vacunas a fin de no cometer el mismo error.

Es parte del Acelerador del Acceso a las Herramientas contra la COVID-19. Lanzada en abril de 2020, se trata de una iniciativa internacional patrocinada por los gobiernos, las organizaciones de salud, las empresas, la sociedad civil y varios filántropos que busca garantizar un acceso equitativo a la vacuna contra la COVID-19.

Sin embargo, pese a que gracias al mecanismo COVAX se han distribuido más de 59 millones de vacunas en 122 países, la acumulación de los países ricos, las deficiencias crónicas en materia de inversión y los problemas de abastecimiento han impedido que produzca todos los beneficios de que sería capaz.

La desigualdad en el acceso a las vacunas está obstaculizando la recuperación. Podría costarle a una economía que ya está dañada hasta US$ 1,2 billones al año, es decir, lo suficiente como para brindar protección social y sanitaria básica a todas las personas.

En su conjunto, se estima que la pandemia podría costar US$ 9,2 billones si las mutaciones no empeoran el escenario.

Mientras esperamos a disponer de más información, tenemos que continuar haciendo lo posible por frenar la propagación del virus a fin de evitar que aparezcan mutaciones que puedan reducir la eficacia de las vacunas disponibles. Además, los fabricantes y los programas que utilizan las vacunas deberán adaptarse a la evolución del virus; por ejemplo, puede ser necesario que, en su fase de desarrollo, las vacunas deban incluir más de una cepa durante la fase de desarrollo, que se deban administrar dosis de refuerzo o que sea preciso realizar algún otro tipo de modificación en las vacunas. Asimismo, los ensayos se deben estructurar y mantener de manera que se puedan evaluar las variaciones en la eficacia, y han de realizarse a la escala adecuada y ser suficientemente variados para que se puedan interpretar claramente los resultados. También es necesario estudiar el impacto de las vacunas a medida que se administran.

Queda recordar las palabras del Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus Director General de la OMS en la rueda de prensa sobre la COVID-19 celebrada el 21 de junio de 2021:

“(…) La desigualdad en el acceso a las vacunas ha demostrado que, en una crisis, los países de ingresos bajos no pueden confiar en que los países productores de vacunas cubran sus necesidades.

Lo hemos visto antes con el VIH, cuando las personas de los países de ingresos bajos y medios no podían acceder al tratamiento antirretrovírico que salva vidas.

Lo hemos visto con la diabetes, donde la insulina tiene un precio elevado a pesar de existir desde hace más de un siglo.

La pandemia de COVID-19 ha demostrado que depender de unas pocas empresas para suministrar bienes públicos mundiales es limitante y peligroso. 

Para impulsar la fabricación, la OMS ha seguido pidiendo que se compartan los conocimientos técnicos, la tecnología y las licencias, y que se renuncie a los derechos de propiedad intelectual (…)”.  

Continúa siendo fundamental poner freno a la propagación desde su origen. Las medidas que hemos venido aplicando hasta ahora para reducir la transmisión —como lavarse las manos a menudo, llevar mascarilla, mantener el distanciamiento físico con otras personas y evitar los lugares concurridos o cerrados― continúan contribuyendo a reducir la probabilidad de que aparezcan nuevas variantes porque dificultan que el virus se transmita y, por ende, se le conceden menos oportunidades para mutar.

Las vacunas son una herramienta esencial para hacer frente a la COVID-19 y se ha demostrado claramente que utilizar las herramientas de que disponemos proporciona beneficios para la salud pública y salva vidas. No debemos postergar la vacunación solo porque nos preocupen las nuevas variantes. Debemos seguir vacunando incluso en el caso de que las vacunas hayan perdido cierta eficacia contra algunas de las variantes. Hemos de continuar empleando las herramientas disponibles mientras continuamos optimizándolas. Solo estaremos a salvo si todos estamos a salvo.

Fuentes:

https://stories.undp.org/until-everybody-is-safe-es?fbclid=IwAR1t1kpZcV9mahWpPnLp5uzNcoZ0eOnJpZvglHaznUjZvorfwykLaA_eGSg
https://www.who.int/es/news-room/feature-stories/detail/the-effects-of-virus-variants-on-covid-19-vaccines
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