28 noviembre, 2021

El Devenir

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Reflexiones en torno al Día Mundial de los Docentes

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Opionión.

Desde 1994, cada 5 de octubre se conmemora el Día Mundial de los Docentes. Fecha que, de acuerdo con la UNESCO, debe servir para reflexionar acerca del ser y quehacer docente.

Y para que esa reflexión tenga mayor sentido y sea más productiva, lo primero que hay que saber -o recordar- es que el principal objetivo del Día Mundial de los Docentes es el de dar seguimiento, promover y elaborar un informe sobre la aplicación de dos Recomendaciones emitidas (en 1966 y 1997) por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), referentes a los derechos y responsabilidades del personal docente, y las condiciones de enseñanza y aprendizaje.

Así pues, en ese contexto queda claro que la conmemoración del Día Mundial de los Docentes va más allá de rendir homenaje a todos los educadores. Es decir, que dicho día mundial es, en realidad, un recordatorio de que la prioridad de todos los países debe ser redoblar los esfuerzos en materia de educación, lo cual implica mejorar y estabilizar de las condiciones que enmarcan el ejercicio de la docencia, con miras a lograr que todos los alumnos tengan acceso a un docente cualificado, experimentado y respaldado.

Si bien a lo largo del tiempo la OIT y la UNESCO han insistido y trabajado conjuntamente en dar seguimiento a la aplicación de las recomendaciones anteriormente citadas, relativas al personal docente y la enseñanza, este año el llamado y exhorto a los gobiernos y pueblos del mundo enfatiza y promueve el apoyo que se debe proporcionar a los docentes para que participen plenamente en el proceso de recuperación de la educación.

Y es que, a casi dos años de que la pandemia de COVID-19 obligara el cierre total o parcial de las escuelas, los efectos desproporcionados en el sector educativo no serán fáciles de revertir. De ahí que el particular y urgente llamando sea a responder con políticas y acciones prometedoras, sólidas y eficaces que definan las medidas necesarias para que el personal docente pueda ejercer plenamente sus responsabilidades, derechos y, por ende, su potencial.

El detalle es que, para que el que el potencial educativo y docente pueda desarrollarse a su máxima expresión, se requiere -entre otras cosas- no solo el simple reconocimiento del quehacer docente, sino también del ser y del deber ser de la docencia en un marco de respeto, trato humano, justo, digno y decente.

En esta ocasión, concluyo citando lo dicho alguna vez por el pedagogo y filósofo brasileño, Paulo Freire: Cuanto más pienso en la práctica docente y reconozco la responsabilidad que ella nos exige, más me convenzo de nuestro deber de luchar para que ella sea realmente respetada. Si no somos tratados con dignidad y decencia por la administración privada o pública de la educación, es difícil que se concrete el deber que tenemos para con los educandos.

Aída María Holguín Baeza
laecita@gmail.com

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