24 mayo, 2022

El Devenir

Periodismo con compromiso social

Salud mental en tiempos de COVID-19

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Opinión.

De acuerdo con la OMS, la salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades.

Es en ese contexto que la misma organización concibe la salud mental como un componente integral y esencial de la salud; es decir, como parte fundamental del bienestar individual y del funcionamiento eficaz de la comunidad.

Entonces, en materia de salud mental, lo procedente es que los gobiernos diseñen e implementen estrategias de prevención y actuación permanente frente a los trastornos mentales y los problemas psicosociales vinculados en el marco de su entorno particular. Y como eso es lo procedente, hay gobiernos que han hecho lo propio, y es precisamente en esos países donde los problemas mentales acentuados o potenciados por la pandemia de COVID-19 han podido ser mejor entendidos y atendidos.

El asunto es que, de acuerdo con Organización Panamericana de la Salud, la pandemia ha tenido un efecto devastador en la salud mental en el continente americano; efecto que ha sido evidenciado en el estudio “Fortalecimiento de las respuestas de salud mental al COVID-19 en las Américas: análisis y recomendaciones de políticas de salud”, mismo que -entre otras cosas- revela que el hecho de no priorizar la salud mental antes de la pandemia ha obstaculizado las respuestas adecuadas a las altas necesidades actuales.

Lo peor del caso es que, según el “Informe de Riesgos Globales 2022”, elaborado por el Foro Económico Mundial, el deterioro de la salud mental ocupa, por primera vez, un puesto entre los 10 principales riesgos globales a corto plazo. Y es que, conforme a los resultados del estudio que comprende las opiniones de miles de expertos, líderes mundiales y académicos de 124 países, se observa que la “omnipresencia” de las dolencias y/o trastornos de salud mental con la incidencia de múltiples aspectos demográficos, impacta negativamente en el bienestar, la cohesión social y la productividad.

Entonces, en materia de salud mental, urge actuar acorde con la situación actual a fin de gestionar, tratar y, en muchos casos, prevenir la mayoría de los trastornos mentales. Y con esa premisa, cabe parafrasear lo expresado por Sanam Said en el sentido de que, aunque hoy en día se habla cada vez más de la salud mental, sigue siendo muy mal entendida y estigmatizada, especialmente en aquellos lugares donde la gente piensa que ignorar u ocultar el problema hará que desaparezca.

Queda claro pues que ahora que existe una serie de estudios (adicionales a los ya mencionados) que evidencian que en tiempos de COVID-19 han nacido epidemias y pandemias paralelas como el caso de las enfermedades mentales, lo que se requiere es que éstas sean abordadas y manejadas a partir de políticas públicas integrales, multisectoriales y sistémicas, y no de no ocurrencias (como sucede en México).

En esta ocasión, concluyo citando lo dicho alguna vez por el músico inglés, Adam Ant: La salud mental necesita mucha atención. Es el tabú final y necesita ser enfrentado y tratado.

Aída María Holguín Baeza
laecita@gmail.com

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