25 septiembre, 2021

El Devenir

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San Marino, con cinco atletas le puso la muestra a México

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Mario Alfredo González Rojas.

San Marino es el tercer país más pequeño del mundo, con una superficie de 61 kilómetros. Cuenta con 34 mil habitantes, y aun así con estas circunstancias, se las ingenió para que sus atletas hicieran un excelente papel en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020.

¿Sabe usted cuántas medallas ganaron sus atletas? Tres ¿Cuántos asistieron representando este país, situado en Europa? Pues, sólo acudieron cinco, lo que es digno de llamar la atención. Y que no se vea esto nada más como un dato curioso de la historia del deporte en el planeta, sino que nos lleve a reflexionar, cómo es que otras naciones, y con más habitantes, no lograron superar estos resultados. Me quiero referir al caso específico de México, el que ocupó el lugar 84 en la lista de las medallas, y San Mario se quedó ubicado en el sitio número 62.

Ana Guevara había vaticinado que nos traeríamos 10 medallas, y si hacemos un poco de historia, pues sabemos que nuestro país con las cuatro que consiguió en Tokio 2020, ha completado apenas 73 preseas, a partir de la primera que obtuvo en 1900 en polo, en los Juegos de París. Que no nos salga nadie con justificaciones banales, las razones son de fondo, y son preocupantes. Toda la vida, se ha cuestionado el grave mal que produce el centralismo a la hora de seleccionar a los representantes idóneos del país. Carecemos de la infraestructura adecuada y nuestros atletas se “las ven negras” para tener lo necesario en su preparación. Fueron 162 muchachos en 29 deportes; son datos fríos, como fríos deben ser los análisis que broten a la luz de la objetividad y de la razón. Y como dicen los rancheros, que no quieren ser engañados: que no nos salgan con que las víboras tienen chichis.

Desde hace tiempo se venía poniendo en la tela de las acusaciones la gestión de Ana Guevara al frente de la CONADE, y no se hizo nunca nada para investigar y poner el santo remedio. Con eso de que “no somos iguales”, se han cobijado muchas imperfecciones en este sexenio, y ahí está una de las consecuencias con estos miserables resultados que se obtuvieron en Japón. Junto a Guevara, hay que voltear a ver a Carlos Padilla, el mero mero del Comité Olímpico Mexicano, el que carga una amplia culpa en muchas decisiones para la selección de nuestros representantes. Cada uno en su tanto, pero no se vale esquivar la mirada para disfrazar las responsabilidades. La Comisión Nacional del Deporte (la CONADE) y el Comité Olímpico Mexicano, deben estar en la mira del gobierno federal, para futuro.

Se sabe desde siempre que uno de los males estriba también, en que no contamos con suficientes entrenadores, los que se deben contratar de dónde sean. Recuerdo cómo para los Juegos de México 68, se contó con un excelente manejador del equipo de básquetbol, el señor Lester Lane. Quedan viejos y enaltecedores recuerdos de esta figura, que formó parte del equipo de Estados Unidos que ganó la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Roma 60. Se le recuerda como un entrenador enérgico, conocedor, disciplinado y que imponía disciplina en los seleccionados de México 68. Por ejemplo, se ha dicho que Raúl Palma, el magnífico encestador mexicano, oriundo de Ciudad Juárez, que estaba en la preselección fue sacado del conjunto porque al habérseles dado un descanso de varios días a los integrantes de la misma, sucedió que este no se reportó el día indicado. Y como para Lane las normas eran normas, se “dictó la sentencia”. Y México logró el quinto lugar en la justa olímpica de 1968, en básquetbol.

En la actualidad, hay países que se basan en la genética para preparar desde temprana edad a sus deportistas. Nada de que se quiere encarrilar a un muchacho por el lado del atletismo, cuando sus cualidades son para la natación, y así se evitan muchos errores, en pocas palabras. Naciones como Estados Unidos, China, por ejemplo, toman muy en cuenta estas investigaciones para ir seleccionando a sus deportistas. Esta forma de escoger a cada quien para lo que sirve, tiene que ir imperando con el tiempo en los directivos del deporte de todos los países.

La llamada genética del deporte, es la clave para no apostarle al menos indicado. Hay    muchos factores que analizar, para hacer mejor las cosas en los Juegos Olímpicos de Paris 2024, pero desgraciadamente, “por las vísperas se sacan los días”.

Y que no se nos olvide, que el viejo lema de “lo importante no es ganar, sino tener el honor de participar”, de los primeros Juegos Olímpicos, se cambió con el tiempo, por el de “participar para ganar”.

Independientemente, claro, de que bien vale la pena luchar por el triunfo, aunque no se gane; eso no se discute. Pongamos cada reflexión en su lugar.

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