24 septiembre, 2021

El Devenir

Periodismo con compromiso social

¿Se acabó la infiltración y la contaminación del PRI?

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Por casi ochenta años de dominio

El “histórico” proceso cívico-político electoral, electorero y concurrente que se está realizando en nuestra entidad federativa y  en toda la nación mexicana, nos lleva a pensar y analizar si el otrora partidazo de Estado, oficial y hegemónico que desde su existencia y presencia como PNR-PRM-PRI por casi ochenta años de dominio cuasi total; después de las elecciones del primer domingo de julio del año 2018, en que ese tricolor instituto político sufrió la más grande derrota de toda su historia de “triunfos”, llegó a su fin estertóreo o sigue vivito y coleando esperando la oportunidad de rehacerse, de reestructurarse, para que vuelva a imperar, la voz del jefe supremo, del autócrata señor presidencialismo.

         Fueron más de tres cuartos de siglo en que la trinidad: Partido Nacional Revolucionario (PNR), Partido de la Revolución Mexicana (PRM) y Partido Revolucionario Institucional (PRI) aún vigente, bajo el patrocinio del Estado, no perdió, desde su fundación –salvo en el 2000 y 2006– una elección a la presidencia de la República, la mayoría de las gubernaturas estatales, de las curules en el Congreso de la Unión y de una considerable cifra de ayuntamientos. Demostrando con ello, ser el partido OFICIAL y  haberse convertido en uno de los puntales básicos del Sistema Político Mexicano.

         Tan se convirtió en el centro de la política nacional y exterior, que sus procedimientos, estructura y férrea disciplina a través de su octogenaria existencia, produjo – ¿y sigue produciendo?– imitadores en otros partidos o expresiones políticas tanto de las “izquierdas” como de las derechas, hoy muy bien ubicadas como PRIANRD; así como en organizaciones populares, obrero-campesinas como la CNC, CTM, CROC, FSTSE, STPRM, SUTERM, SNTE…

         De tal manera, puede decirse que los EUM estuvieron y están PRI-infiltrados en los diversos rubros de su devenir. Desde la década de los años 50 del S. XX, no sólo su sumisa militancia sino los mexicanos en general, se vieron obligados a soportar de las cúpulas dirigentes del PRI y de los primeros mandatarios del país,  en turno: sus perfiles de centralización, jerarquía rigurosa, falta de consideración y respeto a la disidencia aunque fuera minoritaria, o tal vez por serlo, y evidente desatención por los auténticos valores y derechos humanos; privilegiando la sumisión, la adulación o el servilismo que se constituyeron en una constante entre sus militantes y adláteres. Hechos que lamentablemente se han infiltrado y contaminado a la mayoría de los partidos políticos  que actúan en el proceso electoral y electorero de septiembre 2020-junio 2021. 

         A estas alturas, resulta evidente que el PRI implícita o explícitamente arrastró en sus desesperadas intenciones políticas al PAN y al PRD, sobresalientemente. Tal parece que el otrora poderoso tricolor les ha señalado la pauta, el patrón de estructura y de proceder a seguir a esos partidos y a otros de mucho menor fuerza. Lo peor, sin siquiera pedirlo el PRI, sus actitudes y acciones contrarías a los intereses del pueblo  mexicano,  contaminan y son imitados  por los grandes empresarios al servicio del imperio capitalista neoliberal, y hasta por el propio alto clero político.

         ¡Pobre México, qué aguante y nobleza de los mexicanos! Hasta la fecha, sigue soportando estoicamente la infiltración y contaminación del tricolor que llego a agudizar la corrupción e impunidad generalizada e institucionalizada, que ha generado que más de cien millones de mexicanos supervivan en los diversos estados de pobreza y miseria existentes en todo el territorio nacional.

         La PRI-contaminación penetró en las organizaciones campesinas y obreras, en las clases medias, entre los industriales y entre los mismos banqueros; incluso, en los ambientes intelectuales más “alejados” de la política, entre los “intelectuales orgánicos”…

         Sexenio tras sexenio, trienio tras trienio tricolor, dominó la falta de respeto al pensamiento colectivo  y al sentir individual de la verdadera disidencia. La voz y la decisión del “jefe” se acataron fetichistamente, hasta la ignominia. Así, el ordeno y mando de los segundones se aceptaba (¿o acepta?) en tanto revela o puede traslucir la del más alto y así sucesivamente hasta el supremo mandatario, que al último eslabón viene a ser uno sólo: el SEÑOR PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA. Obviamente, éste no es un funcionario que cumple un deber y sirve al pueblo, sino que se ha convertido en un ser al que todo hay que agradecerle, como si en lo que hace gastara su propio dinero y lo hiciera providencialmente.

         Como está la mezcolanza estatal y nacional  de candidatos a 21 mil cargos de elección popular, en el más grande y complejo proceso electoral del 2021: ¿podrá asegurase que ya se acabó la nefasta infiltración y contaminación del PRI?

         Los resultados comiciales del próximo domingo 6 de junio: ¿redefinirán el curso de la Cuarta Transformación?  

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