domingo, agosto 14, 2022

Buzón, Luis Javier Valero

Sin justificación alguna

No hay justificación a la salvaje agresión del ejército ruso a Ucrania. 

Explicaciones habrá muchas, en especial una, la de que las viejas potencias hegemónicas no acaban de asimilar la nueva realidad mundial. 

Uno de los aspectos centrales de ella, es la de que el antiguo Pacto de Varsovia, jefaturado por la desaparecida Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas -URSS, o genéricamente llamada Unión Soviética- , cuya potencia hegemónica, absoluta, era lo que hoy constituye Rusia, desapareció hace cerca de 30 años. 

Frente a ese hecho, Estados Unidos y sus aliados, decidieron que persistiera la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), -nacida para hacerle frente a la URSS y sus aliados- y que en lugar de desaparecer, creciera con la incorporación de varios países que hasta antes de la desaparición de la Unión Soviética, estaban bajo la órbita de esta nación: (Polonia, Hungría, Chequia, Estonia, Letonia, Lituania, Rumania, Bulgaria, Eslovaquia y Eslovenia).

Además, a todo lo anterior se agrega el hecho de que Suecia y Finlandia han esbozado la posibilidad de unirse a la OTAN.

Así, Rusia se encontró, después del fin de la “guerra fría”, casi rodeada de países afines a EU, con innumerables consecuencias políticas, económicas y político-militares, contrarias.

Rusia, tanto bajo la conducción de Boris Yeltsin -presidente ante la caída del “Muro de Berlín”, la desaparición de la URSS y los países del “socialismo realmente existente”-, como ahora, durante el largo liderazgo de Vladimir Putin, nunca olvidó sus viejas pretensiones hegemónicas, con todos los países de la Europa oriental, así como de los países de Asia.

Durante esos 30 años, los conflictos de Rusia con sus vecinos, tanto los que iniciaron procesos democratizadores, como en los que persistieron viejo regímenes autoritarios, han sido la constante.

Así, frente al ascenso al poder del actual presidente ucraniano Volodimir Zelensky, y el anuncio de éste de solicitar la incorporación de Ucrania, tanto a la Unión Europea, como a la OTAN, revivieron los recelos de Rusia y sus pretensiones hegemónicas sobre Ucrania, a la que ubica como el origen de la antigua Rusia.

En esta nueva era, que los países intenten agruparse en bloques comerciales, es totalmente congruente con la realidad política-económica del mundo, pero que se pretenda el mantenimiento de los bloques militares, es contrario a todas las normas del derecho internacional. 

Tampoco puede alegarse que para preservar la defensa de la integridad de una nación (como lo argumenta Putin), decida apropiarse, invadir, o instaurar gobiernos proclives a su dirección política.

Por eso no es entendible, por un lado, la postura adoptada por los países de la Unión Europea y de Estados Unidos, así como de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), de aplicar sanciones a Rusia, sin atender el fondo del conflicto.

Esto es, revisar la vigencia del pacto militar de Estados Unidos y sus aliados. Y eso debe pasar, sin duda alguna, por el cese de la invasión rusa a Ucrania.

No son entendibles las posturas, como la del gobierno mexicano, de declararse a favor de la paz, así, neutralmente, del cese de las hostilidades de las partes en conflicto, cuando lo que estamos viendo no es un conflicto bélico entre dos partes, en el que ambas resolvieran enfrentarse; no, lo que ahora vemos es una salvaje, artera e injustificable invasión de una de las naciones más poderosas del planeta, usando, seguramente, el segundo o tercer ejército más poderoso del mundo, en contra de una nación que ha optado por la construcción de una vía democrática.

Porque el actual presidente, Volodimir Zelensky, es fruto de ese proceso  democrático. Lo que ha ocurrido después de las elecciones en que obtuvo el triunfo, como ocurre en casi todos los países con un desarrollo democrático incipiente, es lo que lleva a la desilusión a grandes masas de sus electorados pues los elegidos, muy frecuentemente, no responden a las expectativas democráticas despertadas durante las campañas electorales.

A pesar de todo, el presidente ucraniano es el fruto de ese proceso y nadie tiene el derecho, y menos con el uso de la fuerza, a alterar la decisión de la mayoría de los electores de un país.

Por ello no le asiste la razón a Putin, cuando pretende instaurar un gobierno proclive a su conducción, o que llama a las fuerzas militares ucranianas a efectuar un golpe de estado, “con ustedes será más fácil ponernos de acuerdo”, dice quien es el principal saboteador de la muy incipiente democracia rusa. 

El mundo tiene razón al criticar y rechazar esta invasión, pero debiera, y a eso está obligado la ONU, a conducir las negociaciones que conduzcan al término de los pactos militares existentes, porque, finalmente, esa es la razón de los ataques rusos ahora.

No hay justificación alguna para la continuidad de la OTAN, ni mucho menos para su crecimiento a partir de países de la órbita ex soviética; lo que debiera propiciarse es la conformación de los bloques económicos que posibiliten el desarrollo de las democracias y las economías, con la convicción de que desarrollándose de manera conjunta, podríamos hacer que el mundo fuera mejor.

En ese sentido, por ejemplo, desde inicios de sus mandatos, el mandatario Putin lanzó la idea de que Rusia pudiera ser parte de la Unión Europea, y todavía, a mediados de la primera década del siglo XXI, lo ratificó.

Hacerlo, le daría el viejo continente europeo la posibilidad de un máximo desarrollo, que posibilitara, además del desarrollo económico de los antiguos países del pacto de Varsovia, así como los del centro de Asia la instauración de procesos democráticos, hoy por hoy, inexistentes en la mayor parte de ellos.

Y que los tratados comerciales que se instauraran le dieran seguimiento a los que hicieron posible el nacimiento de la Unión Europea en las que el conjunto de los países participantes favorecen el desarrollo de las economías menos desarrolladas.

A occidente no le quedan más armas, contra Rusia, que las de las sanciones económicas, que necesariamente deberán ser atenuadas dada la gran interdependencia económica del mundo global en el que hoy vivimos.

Vamos, hasta la producción agropecuaria mexicana depende de los fertilizantes rusos, según afirma Juan Rubén Barrio Aguirre, presidente del Consejo de Promotora Ganadera del Real y aspirante a la presidencia del Consejo Estatal Agropecuario, “… más del 50% de los fertilizantes nitrogenados que se ocupan para producir alimentos vienen de Rusia”. (Nota de Manuel Quezada, El Diario, 26/II/22).

Lanzarse bélicamente contra Rusia sería una catástrofe mundial; esa es la inquietante y triste realidad, los ucranianos están solos -desde el punto de vista de la participación militar de EU y y sus aliados- pero éstos debieran aportar algo más que las sanciones hasta ahora anunciadas.

No le servirán para detener la guerra, pero sí al mediano plazo afectarían seriamente a Rusia, pero impactarán, y no será moderadamente, al resto del mundo.

Así, estamos frente a la posibilidad de que, ante nuestros ojos, se repita la gesta del pueblo soviético en la batalla de Stalingrado (la hoy Volgogrado) en la II Guerra Mundial, pero, paradójicamente, los héroes de ahora serán los ucranianos, como antes lo fueron los rusos enfrentando a los ejércitos hitlerianos.

Desde el punto de vista militar, con toda seguridad el pueblo ucraniano combatirá casa por casa y Putin puede enfrentar en las vastas planicies de Ucrania a su propio Vietnam, incluida la oposición del pueblo ruso a participar en una guerra de auténtica conquista.

¿Cómo no evocar las grandes manifestaciones de los jóvenes norteamericanos en contra de la guerra de Vietnam a fines de los 60’s y principios de los 70’s?

Algo de eso ha empezado a movilizarse en el antiguo imperio ruso pues la cuasi dictadura de Putin, de poco más de 20 años en los que ha golpeado severamente a todas las fuerzas sociales y políticas de oposición, podrían ser el factor, acaso más importante en contra de la invasión a Ucrania.

La batalla de Kiev hará que recordemos la batalla de Stalingrado (la hoy Volgogrado) de la II Guerra Mundial. Paradójicamente, quienes protagonizaron esos hechos heroicos fueron los rusos, hoy son los agresores.

Así lo describió una reportera del New York Times: “La gente de pequeños pueblos y aldeas está construyendo puestos de control, cavando trincheras y bloqueando puentes. Hay tanques y atascos. Y el rugido de los jets en lo alto. Esta guerra ha convertido a Ucrania en una pesadilla”.

El presidente ucraniano Zelensky lo ha dicho claramente: “Las cosas son así: no vamos a dejar las armas. Protegeremos nuestro país, porque nuestras armas son nuestra verdad. La verdad es que esta es nuestra tierra, nuestro país, nuestros hijos, y los protegeremos a todos”, y le reclamó al resto del mundo su falta de apoyo.

asertodechihuahua@yahoo.com.mx